Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Francesc -Marc Álvaro. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Francesc -Marc Álvaro. Mostrar tots els missatges

dilluns, 12 de setembre del 2011


La Diada de Termes

"Catalunya es un ejemplo histórico de la supervivencia de un pueblo tozudo"

Artículos | 12/09/2011 - 00:00h
Les podría hablar de Badalona y de cómo García Albiol prepara el terreno para que Rajoy tenga una campaña bien tranquila en Catalunya. Les podría comentar el gran momento en que Pujol, siempre atento a todo lo que pasa, utiliza la canción Jenifer, de Els Catarres, para defender el modelo catalán de integración, aunque sabe que se tambalea en los términos descritos por Paco Candel. Les podría glosar la inacabable (y autodestructiva) lucha entre familias en torno a ERC y el independentismo en general. O les podría analizar cómo la supuesta transparencia democrática se convierte en populismo antipolítico mediante la publicación del patrimonio que los diputados dicen tener. En fin, todo esto vale para componer una columna. Pero prefiero aprovechar este espacio para recordar al historiador Josep Termes, desaparecido el pasado día 9.

Un día antes de la fiesta nacional de Catalunya, en el tanatorio de Les Corts, al lado del Camp Nou de sus alegrías y sufrimientos como culé, despedimos al profesor Termes, el académico riguroso, el patriota lúcido, el maestro generoso y el hombre de bien que abrió tantos caminos y nos mostró la complejidad de nuestro ayer reciente. Uno de sus tres hijos lo recordó: era un hombre que huía del esquematismo fácil. Por eso desmontó, documentos en mano, las tesis de aquellos que sostienen que el nacionalismo catalán o catalanismo es un movimiento exclusivamente burgués y desenganchado de las clases populares. Termes explicó que el éxito del catalanismo se fundamenta, precisamente, en su transversalidad social, ideológica y partidista, por eso lo comparaba con "un río poderoso cuyas aguas provienen de fuentes diferentes, o mejor, con un arco iris, que forma una unidad pero tiene colores muy diversos". Si el catalanismo no hubiera contado también con obreros, payeses y menestrales –además de burgueses, comerciantes e intelectuales–, García Albiol ya tendría el trabajo hecho. Este sustrato hizo posible, por ejemplo, que mi padre –hijo de una familia castellanohablante de origen murciano y humilde– descubriera la cultura catalana haciendo teatro amateur durante la posguerra, cuando se aprovechaban todas las grietas del régimen.

"Catalunya es un milagro", escribió Termes con su sabiduría contundente. Lo decía un no creyente, su metáfora respondía al estudio profundizado de nuestro pasado. Y añadía: "Un milagro en la Europa contemporánea. Porque desde hace dos o trescientos años, excepto los grandes pueblos que tienen un gran estado detrás, los otros han sido deglutidos –como el pescado pequeño, en el mar, que es comido por el pez grande–. Catalunya es un ejemplo histórico de una supervivencia curiosa, obviamente conflictiva y extraña, la supervivencia de un pueblo tozudo". García Albiol, Sánchez-Camacho, Rivera y otros deberían leer a Termes con mucha atención. En política, los milagros los hace siempre la gente. Y la gente que piensa que Catalunya es una nación todavía no ha sido borrada del mapa.

dissabte, 13 d’agost del 2011


Al infierno, por leer

La niña que ganó la batalla contra la ignorancia sigue leyendo con gran placer

Artículos | 13/08/2011 - 00:00h
No es cierto que existan lecturas de verano y lecturas de invierno. Hay libros y lectores, vinculados por una cadena azarosa de decisiones, impulsos, influencias y modas que cuajan en momentos de lectura, que son horas –quiero pensar– de libertad radical para cada individuo. Una libertad que sólo molesta a quien quiere controlar las mentes y las vidas. Como le pasó a la hermana del tío Baixamar, en la Catalunya oscura de finales de los años cuarenta, cuando un adulto le dejó una novela que consideraba que valía mucho la pena de ser leída.

Con catorce años, la hermana mayor de Baixamar era una lectora ávida, inteligente e interesada por todo lo que le rodeaba. Un joven de veintitantos, que trabajaba para el negocio familiar, quiso ampliar el horizonte de la chica y le pasó una obra que a él le parecía buenísima y apasionante. Una mañana, de camino hacia la escuela, la muchacha recogió el libro y lo guardó dentro de la cartera. Una vez en el aula, la monja, que todo lo vigilaba obsesivamente, descubrió que aquella alumna llevaba, entre sus cosas, un volumen que no era de estudio. La reacción de la monja –hermana la llamaban las niñas- fue drástica y fulminante. Le arrebató el libro en medio de grandes aspavientos, diciéndole: "Esto no puedes leerlo".

La chica regresó a casa entristecida y preocupada. ¿Qué explicaba aquel libro para ser objeto de la requisa de la hermana? La censura, como es natural, incrementó el deseo de leer aquella historia. Al día siguiente, la monja ordenó que la adolescente asustada acudiera a su despacho y, con ademán inquisitorial, le dijo: "He rezado por tu alma toda la noche porque te vas a condenar". El juicio de aquella presunta educadora era irrevocable: la condenación eterna por haber osado asomarse a unas páginas que, según aquella servidora de la fe, estaban prohibidas a los buenos creyentes. La paradoja es que la chica todavía no había tenido tiempo de comenzar la novela en cuestión y, por lo tanto, estaba condenada, ya ven, sin conocer el sabor del pecado. "He destruido el libro y no digo nada a tus padres –añadió la severa monja– porque es la primera vez, pero, si hay una próxima, serás expulsada del centro". Este último comentario sirvió para que la joven estudiante confirmara su sospecha: la monja sí había leído la obra y quizás otras hermanas también lo harían en el futuro. Con los escasos ahorros de que disponía, compró un nuevo ejemplar de la novela y, después de leerla con atención, la devolvió al chico que era su propietario. La monja, a pesar de sus esfuerzos, fracasó completamente.

Hoy, aquella niña que ganó la batalla contra la superstición y la ignorancia es una señora elegante, madre y abuela feliz, que sigue leyendo con gran placer. Este verano relee la obra que le mostró el camino de la verdadera y necesaria libertad: Ana Karenina de Lev Tolstói.